El chip de identificación
Varios países europeos, como España, Alemania, Francia o Gran Betaña, han adoptado el chip electrónico como método de identificación de animales de compañía. La implementación de este sistema a gran escala en nuestro continente está a la espera de experimentos como el llevado a cabo recientemente por 380 veterinarios franceses con 10.000 ejemplares; pero, sobre todo, de que se apruebe una reglamentación contundente.

Es de tamaño algo mayor al de un grano de arroz. Y, sin embargo, está llevando bastante tiempo introducir en los felinos. Las posibilidades del dispositivo microelectrónico con el que están experimentando 380 veterinarios de Francia son, no obstante, enormes: es infalsificable, tiene una vida equivalente al animal, por tanto , larga; y contiene 15 cifras, por lo que las combinaciones son múltiples.

De ser eficaz, puede que el método de identificación del tatuaje, que conlleva quemadura para el animal o un doloroso pinzado, quede en breve desfasado. Más si se tiene en cuenta que esta especie de cápsula microelectrónica puede leerse -léase identificar al animal- en segundos y que la operación que significa introducirla en la zona del cuello (lado izquierdo) se realiza en poco minutos. EL método del tatuaje tarda 15 a 20 minutos y precisa anestesia.

El chip en cuestión se ha concebido según la norma ISO internacional. Esto significa que podrá ser leíble en todo el mundo sea cual sea el fabricante. Pero no es que sea útil exclusivamente para los gatos: es un sistema polivalente, tan apto como para gatos, perros o caballos, incluso para pájaros y reptiles. Para cualquier tipo de animal, de compañía o no.

Las desventajas- que también las hay- están referidas, principalmente, a la imposibilidad de saber a simple vista si un gato está identificado o no por este método, totalmente invisible porque no deja huella ni cicatriz. O sea, que para saber si el gato lleva este chip tendremos que acercarlo a un lector y estar a la espera de si hay respuesta. Para esto, además, los lectores deberán estar totalmente implementados ahí donde se necesite proceder a la identificación de un animal. Los necesitará la policía, refugios y sociedades protectoras, pero también los criadores y algunos propietarios.

Dejando al margen pequeñas dificultades, en general el sistema parece dar resultados sumamente positivos.

¿Tatuaje, pulga o ambos?

El interrogante que abre el chip electrónico es el descrito anteriormente: ¿cómo distinguir a un gato que lleva este dispositivo del que no ha sido sometido a este tipo de operación? He aquí una razón de peso para que muchos dueños opten por aplicar ambos sistemas- tatuaje y chip- a la hora de identificar su animal.

Puede haber otro fundamento que evite que el método del chip sustituya definitivamente al tatuaje: el precio. Lo deseable, según los expertos, es que el costo que significa aplicar este sistema a los animales de compañía no sea demasiado alto. Y de no ser así, el sistema no será tan satisfactorio como lo que se espera.

En Francia, como se ha extendido la necesidad de tener a mano a cualquiera de los dos métodos de identificación, todas las medidas destinadas a introducir este nuevo sistema van dirigidas a que su precio sea accesible para cualquier propietario. Lo contrario sería ir en contra de la propia naturaleza del método.

El experimento Francés

La experiencia a gran escala que se está realizando en Francia con 10.000 chips ya ha dado algunos frutos. En marzo del 2000 se remitió al Ministerio de agricultura galo un buen número de dossiers con el resultado del experimento avalado por 380 veterinarios que lo han llevado a cabo.

El dispositivo electrónico con el que se ha trabajado funciona según el principio del sonar: el aparto que lo lee emite una señal de baja frecuencia. El chip la detecta y responde transmitiendo con el mismo tono las informaciones que han sido codificadas. Es decir las 15 cifras que identifican al animal. Este código de barras indica el país de origen con las tres primeras cifras (Francia es 250), y con los dos números siguientes el tipo de animal (el 26 es utilizado tanto para gatos como para perros). Las restantes cifras corresponden al código del fabricante.

Los 380 veterinarios que se han ofrecido voluntariamente para comprobar el funcionamiento del dispositivo en gatos y perros proceden de diferentes regiones. Empezaron el experimento en marzo de 1999 y lo dieron por terminado en enero del 2000. Un largo período de tiempo que tiene su por qué en la necesidad de comprobar, tal y como dicta el protocolo, los efectos secundarios de la implantación durante seis meses.