Los gatos empiezan a jugar cuando tienen
unas tres semanas.
El juego temprano consiste, en gestos agresivos y una "lucha libre"
con la madre y los hermanos, como antesala del comportamiento territorial
y de dominio de la vida adulta.
A medida que crecen, los juegos se hacen más complejos.
A las cuatro semanas saben luchar a brazo partido, sujetándose
con las patas delanteras y pataleando furiosamente con las traseras.
A la quinta, brincan de lado con las patas tiesas.
En la sexta pueden perseguir a otro gatito corriendo y saltando uno
sobre otro, con bastante precisión y se atusarán mutuamente.
Poco antes de este período, comienzan con tres juegos, que repetirán
practicamente toda la vida:
Salto sobre el ratón.
Atrapar al pájaro.
Pescar con la zarpa.
El extremo que asoma de una cuerda o la serpenteante cola de la madre,
provocan en ellos una actitud de acecho. Se acercan furtivamente, sacudiendo
la cola y "saltan sobre el ratón".
El hecho de "atrapar a un pájaro" lo ejercita cuando
intenta alcanzar algún objeto o insecto que se mueva sobre su
cabeza.
Observamos "pescar con la zarpa" cuando juega con una pelota
o bollo de papel.